lunes, 18 de agosto de 2014

Responsabilidad Compartida

Por esta única ocasión me propongo no escribir en estado mental de excitación, ni mucho menos de amargura poética.
Más bien, por el solo hecho de que el lector sostenga conmigo un momento de relajación, respiraciones profundas y mentadas de madre en un plano zen de conciencia.
No contento con lo anterior, y ya entrados en lo que nos ocupa; aquí les dejo lo siguiente:
Es de humanos equivocarse, y es de más humanos reconocerlo. Pero es de mucho más humanos hacerle ver el error al que se equivoca, acompañado de un enfático “te lo dije” y un cariñoso “como eres animal”.
Totalmente de humanos.
 Y es que no podemos dejar pasar ese momento de tanta gloria que nos cubre de laureles y le deja ver al “masiosare” que pertenece a una tribu selecta de entidades biológico-infecciosas, porque aunque usted no me lo crea; eso se pega.
Nuestros errores marcan el rumbo de nuestra definición como seres humanos, como personas al fin. Pues son nuestros mas cercanos amigos, los que demuestran esa empatía tan vestida de disfraz de noche de brujas al que llamamos “carrilla”. Porque: “lo que chinga es la risita; ¿verdad compadre?”.
Eso es lo que marca la abismal diferencia entre lo que ahora llaman “bulling”. En mi muy personal punto de vista, esto se ha vuelto un tema sobre la mesa de discusión con el nombre menos doloroso, pero en realidad, eso, eso es un catalogo abierto de pruebas presentadas a una corte que quedo rebasada por un error de semántica y malos preceptos definidos en un mar pseudo-conceptual.
Lo que ahora vemos en las noticias son crímenes de odio. Asi con todas sus letras y lo que el concepto en conjunto significa. Algo que solo se le tipifica en el sentido de razas, ahora tiene alcances mucho mas amplios y con aristas sólidamente definidas. Podemos crear un tipo penal claro y con plena sujeción a los derechos de las victimas, sin dejar de lado las garantías individuales y la tan manoseada declaración de los derechos humanos. Suena muy aberrante a los oídos técnicos de los estudiosos del Derecho, pero de fondo; sabemos que este tema da para mucho alboroto y mucho hacer responsables a los que no incluyen a primera persona (Tu, El, Ustedes, Ellos).
Y si le añadimos a lo anterior, que la responsabilidad le saca la vuelta al que ejecuta las acciones criminales, pues nos volvemos a topar con el paradigma de que “la educación viene de la casa”. Pues otra vez nos vemos en un circulo, que mas que vicioso, es un circulo cuyo diámetro abarca a las manchas urbanas mas pobladas. Y de ahí viene mi reflexión:
El respeto por la vida se ha depreciado a tal grado, que los que menos tienen, son los que mas respetan lo que el mundo les puede dar. Y los que mas tienen, solo esperan que el mundo les de lo que se les debe. El análisis de las premisas anteriores da como resultado el comprendimiento de lo que socialmente estamos predestinados a afrontar conforme mas avanza la diferenciación de las clases económicas (notese que no utilice el termino “clases sociales”. Ese es tema para otra ocasión).
Sin sustento de lo anterior, mas que el sentido de la observación del que suscribe; opto por desestimar las acciones en pro de minimizar el efecto del famoso y muy mexicanizado “bulling”, pues al no saber que es lo que los gringos definen como tal; la traducción puede dejar de lado elementos de esencia que lleven a una clara definición de la problemática.
Otro elemento que dejamos al no saber y desconocer, es que nos enfocamos en las escuelas, donde no preferentemente llegan a explotarse estas acciones con fines públicos, y si el foco principal se prendio en las escuelas, pues algo se nos esta escapando de las manos y no podemos dejar que el sentido de ser hijos del papa gobierno, nos lleven a dejar que las medidas de corrección sean transportadas en las carabelas de Colon convertidas en telenovelas y tragicomedias. El Ser humano debe de transmitir en la figura de Abuelos, Tios, Sobrinos, Vecinos y/o cualquier otra figura cercana a los nuevos vastagos que solo consumen información a través de pantallas de led, lcd y plasma, que en su sangre llevan ceros y unos.
Un ser humano consiente de su estatus como tal, no tiende a despreciar a otro ser humano por considerarlo inferior o blanco de descarga de frustraciones psicológicas individuales (a menos que esa persona este psiquiátricamente condicionada, pero ese es otro tema).


Ojala y lo que acaban de leer sea motivo de análisis y podamos establecer una elocuente discusión que aporte algo y no quede en un reclamo a entidades que no podrán prevenir en su afán de corrección.

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